Dirección Leonel Giacometto
Interpretes Fabiana Godano, Daniel Vitale
Sala Foro UNL de Santa Fe, Sala ATE de Santa Fe, Sala La Plaza de Rosario - Santa Fe, Rosario
Funciones 2008, 2009
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Un clima siniestro, fangoso, cercano al del thriller, fue el elegido por el dramaturgo y director teatral Leonel Giacometto para montar su primera experiencia en la ciudad de Santa Fe, estrenada en 2008 en la sala del Foro Cultural de la Universidad Nacional del Litoral.
En Latente, que también se presentó en Rosario en la sala La Plaza (Centro Cultural Melpómene), se dirimen bajo el rótulo de “acontecimiento teatral” una serie de juegos de cajas chinas, un devenir en el que lo ficcional y lo concreto, campos ya mixturados por el creador en sus experiencias anteriores como director de actores (Fingido, Fingido reemplazado, Real y Desenmascaramiento), se juegan como si el texto y las acciones hubiesen sido puestos sobre una cinta de moebius sobre la cual, una vez comenzado el recorrido, ya nada podrá detenerse dado que los personajes, en una impronta puramente absurda, no podrán escapar nunca de la inevitable repetición, algo similar a lo que sucede con aquellas pesadillas que se vuelven recurrentes.
Ella, Silvia, llega a un teatro. El, Diego, la espera y la espía como un voyeur, aunque ella no lo sabe. Ella fuma y aparenta ser una actriz, el no, aunque bien podría serlo. Se cruzan, se huelen, se encuentran, se presiente lo trágico. Breve, preciso, lacónico, el trabajo de Giacometto vuelve sobre la disposición de un teatro que se abre frente a otro, “el teatro dentro del teatro”, incluso fue el precursor en la ciudad de una estética que luego tomaron (y toman) otros creadores locales. Así, aparece nuevamente la raíz pirandelliana como fórmula, aunque aquí el humor de trabajos anteriores esté ausente y Latente pueda describirse como un teatro que más allá de lo experimental tiene su mayor sustento en una raíz un poco más clásica.
Apoyado en las improvisaciones y con la conciencia clara de la importancia de los ensayos como espacio creativo (“usted hace cosas en el ensayo que después en el teatro no hace, eso es raro”, dirá Diego a Silvia), Giacometto suscribe su propuesta por dos andariveles. Por un lado, el juego teatral, el de climas enrarecidos, en el que deja filtrar, incluso, un fuerte vínculo con la realidad histórica: están en los borceguíes y en el vestuario de un estupendo Vitale (también en su discurso) los resabios de una guerra, la propia de todos los días, la de Malvinas, en medio de un recuerdo doloroso pero necesario. Y por otro, su permanente remisión-homenaje a los grandes autores que marcaron su escritura. Si en Fingido el homenajeado era Heiner Müller y su desafiante Cuarteto, es ahora Steven Berkoff con la incandescente Decadencia, quien aporta a estos actores el material para desplegar un simulacro que recuerda que la actuación (los actores) es la médula del teatro.
Es así como la atractiva presencia de esos otros textos que Giacometto suele sumar a sus propuestas, en un peldaño más de su afiatada decisión de superponer planos narrativos y expresivos, encuentran en Latente ficciones que desnudan las arbitrariedades del ensayo y su potencia escénica, llenando al espectador de preguntas y, por suerte, dejándolo una vez más sin ninguna respuesta.
Pero no es casual que la ferocidad de un texto como el del autor inglés adquiera semejante relevancia en medio de esta puesta donde merodean en los recodos del espacio escénico los fantasmas de “los
otros desaparecidos”, las muertes inútiles de Malvinas, los mutilados física y psíquicamente que produjo esa guerra antojadiza y banal. Estrenada a comienzos de los años 80, el lenguaje de la obra de Berkoff hace hincapié en la decadencia del mundo (una temática que atraviesa toda la obra escrita y de escena de Giacometto).
Como ha dicho el propio Berkoff, “un mundo que ha comenzado a desplomarse, a ponerse en carne viva”. Pero también habla de los conflictos de clases propios de la “era Thatcher”, una de las partes responsables de la Guerra de Malvinas, y entonces allí el círculo propuesto por el director comienza a cerrarse: nada de lo que se ve en Latente parece ser verdad, o quizás, para algunos se revele como la única verdad posible y no resuelta. Es por eso que este equipo de artistas invita a los espectadores a sumarse a la experiencia de poder ver que, quizás, la verdad del teatro, lo que en verdad los actores tienen para decir, está en los ensayos y no en lo acabado de las obras.
Es por eso que aquél que pretenda encontrar en Latente las convenciones del teatro, “un cuentito” contado con lujo de detalles, deberá abstenerse de su visión. Ahora, quien busque en la propuesta la vitalidad y el riesgo del teatro contemporáneo (acaso lo último que tiene para ofrecer), no debería perderse este espectáculo.
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