Dirección Juan Carlos Carta
Interpretes Círculo de Tiza (San Juan): Silvio Guevara, Leonardo Jiménez, Ana Laura Ríos, María Victoria Díaz, Luciana Capriotti, María Belén Sánchez, Valeria Brigato, Juan Francisco López, Pía Bogni, Daniel Clavijo, Magdalena Milla y Luis Narváez.
Sala La Kanoa de Papel - La Rioja
Funciones
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El teatro, como generador de visiones ilusorias, es una máquina inagotable. Pero cuando aborda un hecho verídico y pone todos sus recursos estéticos y su ritmo narrativo para contarlo, la experiencia puede adquirir un valor superior.
Este es el caso de “Marta Stutz”, el texto rico de Javier Daulte desde la visión del teatrista sanjuanino Juan Carlos Carta. El director, que conoce el paño en el que juega (interrogatorios policiales, proxenetismo, corrupción política y tópicos similares encarados en sus propuestas) le saca el jugo a la dramaturgia para presentar una puesta vibrante, tensa, profunda.
La Córdoba de fines de la década del 1920 se convulsiona por la desaparición de una niña de nueve años, arrebatada de su inocencia por las garras de los bajos fondos, donde el secuestro y la prostitución germinan impunes.
Carta dispone a sus doce actores en un estrado judicial límbico pero real, técnico pero poético, donde víctimas, victimarios, jueces, testigos y prensa vomitan las miserias de una sociedad pacata, señorial, doctoral. Una Córdoba donde las apariencias y el abolengo marcan pautas de vida, ocultando bajo la alfombra las iniquidades y los bajos instintos.
La disposición del escenario y la tribuna parece pensada para involucrar al público en el juicio, pero también para buscar la complicidad del espectador ante la injusticia que se está por cometer. Porque, como en miles de casos policiales, aquí también la Justicia se quitará la venda de los ojos y manejará su espada y su balanza a discreción.
Marta Stutz, la niña que ya no está, se corporiza en el proceso judicial y revive el oprobioso acto al que (supuestamente) fuera sometida. La corrupción de la niña por el (supuesto) criminal se pone en escena de una manera tan sutil y tácita que eriza la piel. La imagen que logran los protagonistas en este pasaje de la obra no puede dejar de impactar en el espectador: la belleza en su composición resalta lo aberrante del hecho.
Curiosamente, tan atrapante resulta el desarrollo dramático y tan repudiable resulta el crimen expuesto (de manera muy pareja por los actores) que el destino final de Martita deja de ser necesario para cerrar la obra.
Y eso es parte del acierto de la propuesta del elenco sanjuanino.
Convertir una crónica policial en una rica experiencia artística.
Ese es, en definitiva, el acierto de Juan Carlos Carta.
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