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Más obras...
Justo en lo mejor de mi vida Al final del túnel, la verdad
Alfonso, Fausto José
Dirección

Hugo Vargas

Interpretes

Rodolfo Suden, Alejandro Espeche, Karico Millán, Daniel París y Constanza Espeche.

Sala

Teatro Recreo - Guaymallén, Mendoza

Funciones

2008





¡Qué daría, Anteojito, por volver el tiempo atrás!”, le cantaba Antifaz a su sobrino, penando por un tiempo ido. Y eso es lo que le pasa al cincuentón Enzo (Rodolfo Suden), con el agravante de que está muerto y, al mismo tiempo, conciente para enterarse de todo lo que que le ocultaron en vida.

La obra de Alicia Muñoz es muy argentina (¿o hay que decir porteña?), atenta a ese típico lloriqueo que artísticamente se funda en la queja de bandoneón. Trabaja sobre un tipo promedio, carcomido por la falta de decisión y por una autoridad familiar mal entendida (llámese machismo), que más tarde que temprano se vuelve culpa.

Hugo Vargas interpreta ese enfoque y se dedica a marcar con prolijidad a los actores. El tránsito de las situaciones se hace fluído y agradable para el espectador, pese a lo irregular de las actuaciones. Gana en solvencia Alejandro Espeche, con su arquetipo tanguero que aporta la sensatez de la amistad; y Daniel París, con recursos sutiles aplicados al ventajista cuñado de la viuda. Esta, interpretada por Karico Millán, pero sobre todo su hija, a cargo de Constanza Espeche, son proclives a subrayar tanto los chistes o la tragedia como a adentrarse en la comedia histérica a lo Vittori. Pero el humor de la obra, en realidad, se asienta en las “profundas barbaridades” dichas al pasar; y que alcanzan a numerosos aspectos de las relaciones entre miembros de una familia corriente.

Con Suden, finalmente, sucede algo extraño. Contra todo prejuicio, se vuelve eficaz en los momentos absurdos (parodiando a un fantasma, por ejemplo) o en las simpáticas evocaciones (los encuentros en el tren con quien sería su esposa, también por ejemplo), pero declina a la hora de la pausa y la reflexión, invadido por una tosca solemnidad.
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