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Más obras...
Obra 1 (construcción de silencio) La inminencia de la muerte
Passarini, Miguel
Dirección

Santiago Dejesús

Interpretes

Yanina Orieta, Paula Sadin, Marcos Chiarito, Severo Callaci, Carlos Frenkel

Sala

La Peripecia, La Manzana - Rosario

Funciones

mayo, junio de 2008

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El riguroso y siniestro patetismo que arrasa con toda posibilidad de optimismo a la hora de revisar la impronta de los personajes arltianos encuentra en Obra 1 (construcción de silencio), creada por el novel grupo Teatro Katástrofa, que dirige Santiago Dejesús, un campo a través del cual las singularidades del universo literario de Roberto Arlt se repliegan ante los vínculos y las acciones que, más allá del texto dicho, posibilita la escena.

Tomando como punto de partida el cuento Ester Primavera (publicado por primera vez en 1928, en La Nación), algunos de sus personajes, tres perdedores (canallas notables y entrañables) recluidos en un hospital perdido en tiempo y espacio contando sus últimos días, son aquí retratados con inteligencia por Dejesús, quien se muestra seguro a la hora de construir la acción a través de los recuerdos de estos personajes, al tiempo que dosifica los vínculos con registros de actuación que se valen de estudiadas sutilezas que son llevadas a los extremos.

La acción traslada al espectador (que desde el arribo a la sala comienza a vivir una experiencia gozosamente teatral) a los años 20. Se trata de un pequeño espacio dentro de un derruido hospital para tuberculosos (un hospicio, un geriátrico y hasta la mismísima Argentina) y dos personajes, Gregorio Paya (el eterno inventor-científico) y Siete (un alter ego del autor), que reciben a un tercero: Roberto Argentino Sacco (“cabeza de cebolla y tórax de pugilista”, según relata el cuento), un ex boxeador que recordará la candidez de Estercita y ejercitará la culpa, mientras soporta todo tipo de vejaciones.

La urgencia y el miedo por llegar al final dada la inminencia de la muerte que parece inevitable, la ataxia que genera un clima de penumbras que se vuelve irrespirable, pero sobre todo el sonido y la presencia de la muerte que ronda como sereno estudiando a la próxima víctima, son los ejes por los que transita esta lograda ópera prima de Katástrofa.

Del lado de Arlt quedan las impresiones de un universo de hombres enfermos que van a partir sin siquiera haber alcanzado el auténtico conocimiento del mundo de lo femenino, aquí representado por el fantasma de Ester que buscará venganza por lo que le hizo Sacco y por una enfermera dictatorial que encierra en sí misma a varias mujeres, y que no casualmente es la que se ocupa de las sepulturas.

Pero del lado del teatro queda casi todo: actuaciones de registros particulares que amalgaman palabras escritas con otras improvisadas (se trata de actores de formaciones y edades disímiles), un análisis de las potencialidades del espacio que resistió el cambio de sala, y un minucioso estudio de lo que representan los objetos escénicos merced al trabajo conjunto del director con Mauricio Caturelli, donde cada cosa tiene su sentido específico tanto desde el campo de lo simbólico como desde la utilidad que brindan en el terreno de lo escénico. Además, se destaca la música compuesta especialmente, del mismo modo que el vestuario de Florencia Marting.

Personajes que con sus gestos se jugarán por la actuación a través de frases tales como “no actúe, sienta”, y la metáfora feroz de la argentinidad simbolizada en un simulacro de acto político, son la prueba más contundente de que, tal como adelanta el programa de mano, el Sanatorio de Santa Mónica “ha quedado abandonado después que el gobierno efectuara el último recorte, dejándolo a la deriva”.

Tras su paso por un espacio alternativo del Centro Cultural La Peripecia, ámbito que por su impronta fue determinante para la construcción del espectáculo, la obra continuó con una serie de funciones en La Manzana (San Juan 1950). Los amantes de Arlt encontrarán aquí, como pasaba con El pecado que no se puede nombrar (versión de Los siete locos y Los lanzallamas), de Ricardo Bartis, la inminencia de los climas, los gestos y las miradas imaginadas desde la lectura, pero sobre todo se enfrentarán a un homenaje al tteatro y a lo que debería ser la actuación: nada más y nada menos que el riesgo de estar ahí con toda la verdad posible.
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