Dirección Paula Manaker, Gustavo Postiglione
Interpretes Paula Manaker, Gustavo Maffei
Sala CEC, Lavardén - Rosario
Funciones 2008
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Desde el campo de lo simbólico-social, parecería que aquello que no “encaja” dentro de los cánones de la “normalidad”, si es que semejante rótulo puede aplicarse a algo o a alguien a esta altura de la humanidad, queda afuera del mundo, “es repelido”. Esta feroz metáfora de un tiempo en el que lo diferente (incluidos aquellos que piensan y viven diferente) es descartado, descalificado, dejado de lado, atraviesa Cuco, primer ttrabajo en solitario de la bailarina y coreógrafa rosarina Paula Manaker que, tras su estreno en mayo en el CEC se presentó en octubre en el sala prinicipal del Centro Cultural Lavardén (Sarmiento y Mendoza).
Una rara mezcla entre niño y Pie Grande, aunque con una inocencia que lo condenará, caracterizan a esta criatura creada por Manaker a partir de la confección de un vestuario, acaso el molde que radicaliza cada movimiento de este inclasificable personaje.
Contado en dos formatos: el vivo y el audiovisual, el espectáculo es bastante más que una propuesta de danza que es como se lo anuncia. En ciernes, la danza es aquí un recurso, y quizás más que la danza, el movimiento (los movimientos), que está al servicio de producir sentido en el espectador, pero a diferencia de lo que suele verse, no son importantes en el devenir de la puesta los géneros y estilos de la danza. Por encima de eso, lo coreográfico sirve para alcanzar un objetivo desde lo narrativo, conseguir un efecto en escena que el espectador puede decodificar con facilidad a la hora de contar la soledad en la que vive la criatura en cuestión, entre otros estados.
Es así como en escena, con una ciudad tridimensional que recuerda a la retrofuturista de la emblemática Metrópolis, de Fritz Lang, se despliega el mundo “real” de este personaje: un cuento que se completa con el frondoso imaginario del Cuco, ámbito que se describe desde una multiplicidad de imágenes proyectadas sobre una pantalla articulada.
La suma de varios aciertos posicionan a Cuco entre las propuestas más singulares y originales de las vistas en los últimos tiempos en Rosario, y quizás la de este fin de semana sea, lamentablemente, la última oportunidad del año de poder verla. En primer lugar, la presencia del recurso audiovisual está aquí a favor del sustento narrativo. Nada de lo que se ve o se cuenta, distancia. Por el contrario, el mundo exterior de este Cuco urbano encontró en la óptica del realizador Gustavo Postiglione (quien se ocupó no sólo de la realización audiovisual, sino que además concretó la puesta en escena y el montaje operativo en vivo) un campo a través del cual poder desplegarse, jugando entre una especie de humor pueril y el territorio ligado a lo siniestro.
Por otro lado, toda la propuesta se vale de una poética que recuerda a la de los cuentos infantiles, aunque aquí se prioriza el costado siniestro: nadie podría negar que, por ejemplo, en “El patito feo”, de Andersen, más allá de la moraleja, lo que aflora es una dolorosa crueldad puesta a jugar frente a “eso que no encaja” con el resto dada su “fealdad”. Y finalmente, se puede describir como un gran acierto la necesidad de contar una historia, sin prejuicios a la hora de cerrar un espectáculo en el que conviven ordenadamente las ttexturas del cuerpo en vivo con las proyecciones, y un estupendo y ecléctico universo sonoro, para abordar un final de ribetes operísticos, casi una instalación viviente, en la que se apela a la conmoción.
Este Cuco ofrece también la posibilidad de dar forma, carnadura, a tantos otros Cucos inventados y mucho más peligrosos. Son esos cucos que acechan, desestabilizan, desconciertan, en particular en un país con un pensamiento medio bastante inconsistente que sigue creyendo en fantasmas y monstruos. Aunque esos otros Cucos siempre tienen detrás a alguien que, como una marioneta, digita sus movimientos. En cambio, este Cuco es más real, en el fondo, más humano, y quizás por eso no tendrá más posibilidad que afrontar su irremediable soledad, “sepultando” toda esperanza de redención. |