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Más obras...
Real Una prueba de resistencia escénica
Molinari, Beatriz
Dirección

Leonel Giacometto

Interpretes

Nancy Barbero

Sala

La abadía - Santa Fe

Funciones

2007, Argentino de Teatro

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Leonel Giacometto, autor y director de Real, desafía a una actriz, al espacio y los tiempos de la representación; problematiza el guión cruzando fragmentos de La voz humana de Jean Cocteau y apela al público para que no lo deje solo en el intento. Si los espectadores están entrenados en su lenguaje y las formas de humor que viene desarrollando en su dramaturgia, Real funciona. Ocurrió en el Argentino de Teatro de Santa Fe, donde el público se dejó llevar por el juego de una actriz que hace de actriz novata, que busca un director para La voz humana, mientras dice pasajes de esa obra y se mete en el mundo del teatro independiente como en terreno minado. Una dramaturgia de reflejos, autorreferencial, lúdica, con préstamos del cine, como el recurso del fuera de cuadro.

Real es un experimento bien urdido por el autor que empuja la ficción para hacerla coincidir con una porción de realidad (como si la situación de ficción-espectador no existiera), al tiempo que extrema las posibilidades de la actriz dentro de un formato de por sí limitado, como es el unipersonal. En este sentido, la obra es una revancha del autor sobre el director, un duelo sostenido por el mismo Giacometto y una actriz con muchas posibilidades de búsqueda.

Nancy Barbero asume el rol múltiple con presencia escénica y un caudal de voz que a veces la supera, por lo exigido del registro. Ella es Beatriz Viterbo, la que pone música, habla por teléfono y esconde algo monstruoso en la pieza de atrás (resuelto con el fuera de cuadro y a oscuras). El melodrama de la chica que extorsiona a Rubén Szuchmacher para que dirija su trabajo final de teatro, se vuelve siniestro o lacerante. Como en el tramo del monólogo en el que cuenta cómo le hicieron el aborto. La tristeza aparece en los jirones de la obra de Cocteau, un registro en el que Giacometto decide no entrar. En ese quiebre, como pausa, se percibe lo que puede haber detrás de una dramaturgia que se disfraza de hostilidades y desparpajo. Queda parcialmente a salvo, algo de amargura, algo de soledad, la realidad que apenas roza el concepto de lo real, en escena.
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