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Más obras...
Aeroplanos Un vuelo sin riesgos
Alfonso, Fausto José
Dirección

Zzin Teatro

Interpretes

Aníbal Villa, Juan Pablo Lemos

Sala

Centro Cultural Trinidad Guevara - Mendoza

Funciones

2006

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Frente a este tipo de propuestas, la pregunta de la crítica suele ser la de siempre: ¿Qué condujo a esa elección? La respuesta anticipada, también suele ser recurrente: la búsqueda de un nuevo registro interpretativo, el ensayo de una relectura del texto o la actualización integral de forma y contenido. Sólo de ese modo se entiende la reincidencia en determinados textos y autores ya fatigados desde los escenarios. Es decir, la respuesta a aquel interrogante debería estar en la adición de una alta dosis de riesgo a un acontecimiento teatral que ya goza de previsibilidad.

Por cierto, esta suerte de explicación a un fenómeno ya histórico es, también, previsible. E ingenua. Bien sabemos que en buena medida la falta de riesgo elimina barreras frente al espectador y que la elección de títulos que en algún momento gozaron de cierta popularidad reduce los prejuicios del espectador promedio y activa mecanismos vinculados con una nostalgia dulce, con la seguridad y con la identificación. Los elencos oficiales estables u otros emprendimientos puntuales también oficiales suelen ajustarse a estas decisiones (al menos así lo es en Mendoza); esto es, a la opción por el número puesto. En este marco se explica que el Teatro Independencia co-produzca con el Cervantes una intrascendente versión de Los compadritos; o que la Comedia Municipal acabe de estrenar La Nona, dos piezas de Roberto Cossa que a priori podrían juzgarse como ya agotadas.

Más difícil de entender es que desde lo independiente también se opte por una obra como Aeroplanos, muy apreciada y premiada a principios de los años 90, cuando la protagonizaron Carlos Carella y Pepe Novoa; y que, lejos de ser sacudida por una mirada directriz renovadora, prácticamente se limite a apoyarse en el histrionismo desbordado de uno de los actores (Aníbal Villa, Cristóbal) y en el confiable trazado emotivo con que Gorostiza cargó en su momento a cada uno de estos diálogos, reivindicatorios de la amistad y la capacidad de imaginar.

Un texto de Arístides Vargas, escogido por el grupo para la ocasión, ilustra bien la quintaesencia de Aeroplanos: “Es un lugar donde la gente se va, se fuga, se despide. Hay una sensación mundana en ese lugar y mucho olor a cera. Y uno se puede ir tan rápido, que ni bien llega, aún no ha partido. Es una sensación bellísima. Viajás, sin moverte. Estás en otro lugar, estando en un mismo lugar. Incluso conocés personas, que no son esas personas que conocés, sino otras que vas a conocer. Se puede cerrar los ojos y abrirlos a otro paisaje, donde los árboles son de color violeta, y las personas azules. Y no hay familia, ni olores rancios...”

Efectivamente, Aeroplanos gira en torno de esos saludables vuelos sin motor a la vista, impulsados sólo con ternura y buena voluntad, y que nos pueden llevar a lugares insospechados. Asimismo, se apoya en esa emocionalidad que exudan Cristóbal y Paco (Juan Pablo Lemos). Dos criaturas queribles y valiosas a fuerza de las distintas instancias por las que transitan: la de las confesiones tardías, la de la batalla de opuestos, la del jugueteo con el idioma o la de la bronca infantil, bien resuelta aquí como si se tratase ya no de dos ancianos sino de dos títeres de cachiporra (que han cambiado los garrotes por diarios).

Pero más allá de la eficacia del texto, sostenida con dignidad por los actores, y más allá de una ambientación tan atinada como también previsible (donde la iconografía añosa de Geniol se confabula con la de Ataque 77 y el winco con el celular), la puesta carece de una personalidad que aglutine los logros aislados y que la vuelva reconocible por sobre un cielo cubierto de aeroplanos.En síntesis, no deja de formar parte de esa maquinación en serie a la que está expuesto el teatro mendocino de hoy y que ha logrado seducir aún a los más conspicuos detractores de la serialidad. En los dominios del teatro, un vuelo sin riesgos no siempre es el mejor vuelo.



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