Dirección Emilio García Wehbi
Interpretes Maricel Alvarez, Guillermo Angelelli, Blas Arrese Igor, Cecilia Candia, Eva Carrizo Villar, León Dogodni, Ricardo Félix, Federico Figueroa, Ezequiel Finger, Norberto Laino, Fernando Llosa, Horacio Marassi, Muriel Santa Ana
Sala Teatro General San Martín - Buenos Aires
Funciones 2006
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Hay artistas que nos obligan más explícitamente que otros, al sentarnos en la platea, a no ser simplemente espectadores de un espectáculo, de una propuesta aislada en el tiempo y en el espacio, sino a mirar la historia de una creación, el devenir de un proyecto integral del que esa producción es simplemente una parte. Y creo, sin mayor temor a equivocarme, que Emilio García Wehbi es uno de ellos.
Su última producción, Woyzeck, se inscribe dentro de una búsqueda que si bien lo acompaña al director desde sus primeras propuestas (en el Periférico de Objetos, en su trabajo como artista visual) es muy clara a partir del estren o de Los murmullos de Luis Cano. Este espectáculo, junto con su Proyecto Filoctetes, Hamlet de William Shakespeare, La balsa de la medusa, Matadero, hacen una muy fuerte unidad que recorre una tesitura muy marcada de esa búsqueda: el lugar del otro, el lugar del espectador, el lugar desde el que se lee, teniendo en cuenta para ello no únicamente el texto sino la institución que alberga al artista y desde la que es emitido el discurso, en este caso el Teatro San Martín de Buenos Aires.
El texto original de George Buchner (1813-37) fue leído por Ricardo Ibarlucía desde una perspectiva crítica al recurrir no únicamente a las versiones publicadas sino más bien a los distintos manuscritos existentes en alemán, y debido a la estructura fragmentaria del mismo lo que se hizo fue una búsqueda de la historia de la escritura para reorganizar el texto a estrenar. Además de eso se buscó a otros artistas influenciados por el autor germano y para eso aparecerán en escena Paul Cellan y Franz Kafka, sin excluir por ello otras obras (narrativas y teatrales) del propio Buchner.
Este trabajo dio un primer indicio para la organización de la escena: jerarquizar al Charlatán de Feria y convertirlo en nuestra guía escénica. A partir de allí la coherencia llevó a ubicar la totalidad del espectáculo dentro de una escena circense pero siempre bajo la lupa Wehbi que lo vuelve profundamente siniestro, indicado por el cartel Jedem das Seine (a cada uno lo suyo, a cada uno lo que le corresponde) que iluminaba el frente del campo de concentración de Buchenwald.
Esta inscripción dentro de la estética de la feria se relaciona con el "teatro dentro del teatro" que fue el eje más importante desarrollado en su versión del Hamlet de William Shakespeare. Y se relaciona porque la reflexión acerca de la función social del teatro y del arte, el para qué sirve el teatro, es parte de esa búsqueda del director. Y si de reflexionar sobre el arte se trata no se puede aislar la escena de aquel a la que está destinada, el espectador. "¿Quién es el que está por cometer un crimen? Woyzeck o Ud. que cree gozar de cierta imparcialidad" es una de esas frases que como un dardo se le lanzan al espectador, dibujado desde el escenario como más ignorante que un loro. Pero las críticas no terminan aquí. Si en el Hamlet se atacaba a la crítica y en Los murmullos al público bien pensante ("Hombres de la cultura") aquí otro de los focos es el Intelectual. A partir de una apropiación de jerarquías aristotélicas (el héroe trágico en función del saber y del actuar) aparece en escena un idiota-intelectual que realizará con Woyzeck-obra una disección muy similar a la que el médico en escena hará con el Woyzeck-personaje. Y nosotros, como personajes-espectadores, no somos más que complices. Aunque también víctimas. Y también victimarios. El insulto, la irritación o el aplauso forman parte de las respuestas previsibles de todo aquel que esté dispuesto a realizar este viaje que va, como siempre, mucho más allá de un viaje estético. |