Dirección Antonia San Juan
Interpretes Antonia San Juan
Sala Centro Cultural Parque de España - Rosario
Funciones Agosto, 2008
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Lo bello y lo monstruoso conviven en una sola máscara. La comedia y la tragedia, esa delgada línea que coquetea entre lo gracioso y lo grotesco, definen los bordes de Las que faltaban, unipersonal de la actriz española Antonia San Juan que en una sola función (una verdadera pena) se presentó en agosto a lleno total en la sala Príncipe de Asturias del Parque de España, del mismo modo que antes lo hizo en el porteño teatro El Cubo y en una sala de Córdoba antes de regresar a la “madre patria”.
Mujeres enfrentadas a conflictos que las vuelven desapacibles, algo propio de estos tiempos, mujeres del Primer Mundo que miran a las del Tercero y, paradójicamente, se parecen bastante. Mujeres que, más allá de que no lo demuestren a primera vista, estarían dispuestas a matar con tal de no quedarse solas.
Esas son las mujeres que atraviesan el cuerpo y la palabra de San Juan, una actriz que se dio a conocer por La Agrado, la adorable travesti del film Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, pero que, tras verla en escena, deja en claro que es mucho más que “una chica Almodóvar”, algo que previo a la función, en notas de prensa, aseguró no haber sido nunca.
La ferocidad corrosiva de Terenci Moix (gran escritor y cinéfilo español fallecido en 2003, cuya obra oscila entre la crítica y la mitificación de la cultura hispánica) encuentra en un primer personaje, una cantante lírica desgastada, dolorida, perdida en el ocaso, una excusa para analizar las contradicciones del mundo del arte y de la crítica, al mismo tiempo que la actriz aporta su cáustica mirada sobre la España actual y acciona contra cierta tendencia “europeizante” de ver al resto del mundo en un segundo plano. Entre realidad y locura, los mundos que conviven en este personaje se despliegan en imágenes que la actriz logra construir sin más aportes que su voz, su cuerpo y la luz, el otro gran condimento dramático de esta puesta.
Sin embargo, semejante comienzo (sin dudas, un espectáculo en sí mismo) no opaca el resto de la propuesta, independientemente de que se trata de un monólogo de unos 20 minutos en el contexto de un espectáculo de casi dos horas, donde compone alrededor de diez personajes. A la manera de un reality show, una presentadora dará el puntapié inicial a una galería de criaturas que San Juan recrea en medio de una especie de metamorfosis que pareciera no tener fin. Así, un simple vestido negro se irá “adornando” con pequeños detalles y, a través de apagones que servirán de nexos (el único exceso de toda la puesta), cada uno dejará espacio al siguiente.
Apenas algunos cambios de calzado, un guiño si se piensa que la actriz da vida y “pone en pie” a cada una de sus criaturas, son suficientes para que una ama de casa desnude la disfuncionalidad de su familia (si como parámetro alguna funciona), otra, sumisa, acepte su “destino” de mujer maltratada e incluso encuentre en eso cierto gozo, o una discapacitada cuente sin remilgos las arbitrariedades de aquellos que abusan de ella al mismo tiempo que pone en discusión quiénes son los verdaderos “defectuosos”.
Del mismo modo, una millonaria salpica con sus excentricidades mientras cuenta cómo “educa” a su hija adolescente, una chica relata en detalle acerca de cómo su excitación responde a ciertos fetiches del imaginario paterno, o una lesbiana se despacha acerca de cómo le declaró su amor a una vieja amiga en medio de una reunión familiar.
Lejos de aceptar la “condición femenina” como tal, Antonia San Juan se convierte en escena en una especie de animal sagrado que todo lo puede (podría, incluso, recrear personajes masculinos exactamente con el mismo efecto). Los conflictos humanos, los sentimientos (aunque dolorosos, verdaderos), ese costado incómodo que da risa y a la vez espanta, encuentran en Las que faltaban un ámbito fértil, que visto desde el campo de lo artístico se convierte en una master class para amantes y hacedores de teatro.
La construcción de una forma de pensamiento que se vuelve defectuosa, la intencionada y a la vez coherente crítica a la Iglesia, la hipocresía de aquellos que desde un mundo de privilegios miran a los desposeídos al mismo tiempo que le sacan el jugo, son también ejes que unen las historias de estos personajes, estereotipos “escapados” de una especie de talk show bizarro y en primera persona que deja marcas en el contexto de una sociedad que pareciera haber encontrado en la televisión el espejo que, aunque resulte insólito, es el que menos distorsiona su imagen.
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