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Más obras...
Las que faltaban Desafío que trasciende lo femenino
Cejas, Julio
Dirección

Antonia San Juan

Interpretes

Antonia San Juan

Sala

Centro Cultural Parque de españa - Rosario

Funciones

Agosto, 2008

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Durante el mes de agosto pasó por Rosario un vendaval llamado Antonia San Juan, la actriz española invitada a realzar la programación del Centro Cultural Parque de España con su espectáculo Las que faltaban. A pesar de que su llegada a la Argentina, estuvo publicitada a partir de su participación en el film Todo sobre mi madre (1999), de Pedro Almodóvar, la actriz española se encargó de demostrar al público rosarino que acudió tentado en parte por ese guiño, que su talento va mucho más allá de ese antecedente. San Juan se cargó sobre sus espaldas de comediante la compleja responsabilidad de trascender un tema sobre el que se ha escrito y representado hasta banalizarlo.

La actriz española es un auténtico "animal de teatro", que puede dar cuenta de más de una decena de personajes totalmente diferenciados con los que elabora un itinerario dramático que se aparta de las convenciones televisivas con las que se nutren ciertos espectáculos que tienen al humor como herramienta preferida para conectar con el público.

Ya en el comienzo, esa decadente cantante de ópera recuerda a aquel memorable trabajo de Gloria Swanson interpretando a la diva del cine mudo Norma Desmond en El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder. Un personaje que se resiste al paso del tiempo y que termina olvidándose de nombres y fechas, pero que hace estallar de risa con sus ocurrencias hasta sumergirse en una oscuridad que la invita a coquetear con la muerte. Detrás un impactante recorrido construido a partir de la relectura que hace la actriz de un corrosivo y poético texto del recordado Terenci Moix que convierte a este scketch en una sólida y pequeña obra.

Ese es otro de los secretos con los que San Juan arma su trabajo, recurriendo a fragmentos de autores como Quim Monzó, Rafael Mendizábal, Enrique Gallego, Félix Sabroso o Luis Seguí, pero siempre desde su óptica personal donde no se priva de improvisar recreando pasajes desopilantes que siempre tienen un revés trágico.

Por eso el espectador sigue riendo a pesar de las pinturas devastadoras que trazan esos personajes atravesados por los medios y buscando el amor en el lugar de la violencia o la opulencia.

Allí está Covadonga, esa madre perteneciente a una ascendiente clase social, hastiada de sus bienes, que no duda en arrojarle un jarrón de porcelana a su hija a quien desconoce, mientras se pregunta si ese ser era el bebé que ella alguna vez tuvo en sus brazos.

Siempre el drama de hijas y madres, mujeres golpeadas y hombres siniestros o inexistentes, y una Europa vieja que simula ser decente mientras apoya la guerra de Irán y pide a sus ciudadanos que contribuyan a palear el hambre del Tercer Mundo.

Antonia San Juan arma sus personajes presentándolos desde una fragilidad que irrumpe casi tímidamente en el escenario hasta ir creciendo y transformando el espacio a medida que muestran su verdadero lado siniestro.

Las que faltaban confirma nuestra sospecha: el humor cuando está respaldado por la solidez ideológica de una artista de la talla de San Juan, se convierte en un arma que sorprende y moviliza sin dejar de entretener.

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